Bienvenidos y bienvenidas a construir su propio camino
Queridos y queridas estudiantes de primer ingreso:
Nunca he sido buena para los discursos muy elaborados; prefiero las palabras que salen del corazón. Así que empiezo por ahí.
Cuando terminé el colegio, yo no quería estudiar Licenciatura en Biología. Mi sueño era la odontología, pero no fue posible. Éramos cinco hijos y acceder a una universidad privada no estaba a nuestro alcance, y lastimosamente tampoco ingresé a la universidad pública en ese primer intento. Así llegué a la Biología, casi de manera transitoria, sin imaginar que esa decisión —aparentemente provisional— terminaría marcando toda mi vida.
La Biología me cautivó. Me enamoró. Y decidí quedarme para siempre. A partir del cuarto semestre me adentré en una de las áreas más bonitas de esta ciencia: la botánica. Ahí encontré una pasión profunda, una motivación que me acompañaría desde entonces. Desde los 19 o 20 años, las plantas pueblan mi mundo y mi manera de entender la vida.
Entré a la Universidad de Nariño cuando la carrera apenas empezaba. Éramos pocos y todo estaba por hacerse. No había muchas certezas, pero sí ganas. Aprendí biología, claro, pero aprendí otras cosas que no estaban en ningún pensum: a insistir, a observar con paciencia, a comprender que la vida no responde a atajos.
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